domingo, 10 de mayo de 2009

Visita a la cárcel (quiero decir, a la Facu de Periodismo)


Me invitaron a dar una charla en la Facultad de Periodismo de la Complutense hace pocos días. Se trataba de enseñar a los alumnos de Primer curso algunas nociones para que aprendan a escribir reportajes. Eran unos 40 chicos y chicas.

Estuve dos horas y creo que quedaron contentos con mi charla sobre "Trucos para escribir bien basados en las técnicas del cuento corto y el guión de cine". Todo estaba basado en mi libro "Manual para escribir como un periodista" (Áltera).

¿En qué ha cambiado la Facultad desde que la dejé hace 25 años? En que ahora hay un simpático puesto de venta de chucherías, y que, en el restaurante, además de las cervezas de siempre, ahora sirven hasta whisky de importación.

Cuando vi el cartel de las bebidas pensé en qué se imaginarían los estudiantes de las universidades americanas al ver que en nuestra Facultad se vende alcohol de primera, whisky de importación escocés fetén.

Aparte de eso, la Facultad no ha cambiado en nada. La clase más concurrida sigue siendo "cafetería", con la subespecialidad de "mus", "pic nic" y "comida en los pasillos".

Afuera, los jueves y los viernes se arman unos botellones que ya los hubiéramos querido tener en mis tiempos.

Por lo demás, siempre que voy por allí me acuerdo de la leyenda que decía que cuando quisieron construir una Facultad de Periodismo de la Complutense, alguien del Gobierno sacó unos planos que encontró en un cajón y dijo: "Aquí tengo los planos de una prisión. Quizá puedan servir para la Facu".

Y ahí está: posiblemente la Facultad más fea del mundo, pero donde se observan por la tarde las mejores puestas de sol de España.

2 comentarios:

Laia dijo...

Cierto, no puede ser más fea, pero yo tenía 20, 21 y 22 años cuando estudié en ella. Antes, la facultad estaba en la antigua escuela de cine de la Dehesa de la Villa donde se tomaba el sol estupendamente tumbada sobre su hierba; en el bar se jugaba al mus y no había, por supuesto, whiski de importación. Tampoco había pelas para pagarlo, así que suplía con una Mahou o una coca-cola.
¿Lo de la cárcel es verdad o una leyenda urbana? Yo también lo he oído cientos de veces.

Diarios del Capitán Snorkel dijo...

No sé si es verdad lo de la cárcel pero hay que reconocer que como leyenda urbana mola un montón.