domingo, 7 de febrero de 2010

Oh, Dios, nos pasamos todo el día trabajando y al final el resultado no es un texto de Cervantes sino un teletipo de EFE


Cada vez que alguien llama a la redacción de un medio de comunicación, se encuentra con una voz llena de ansiedad que apenas le responde sino que grita: "Dime", "Es que no tengo tiempo", "Estoy muy liado".

Y cuelga.

Uno se imagina que esa persona está enfrascada en escribir un reportaje a lo Ryszard Kapuscinski, una pieza de Tom Wolfe, una ocurrencia de Hemingway, un análisis costumbrista de Pío Baroja.
Pero al día siguiente, cuando uno abre el periódico, se encuentra que todas las noticias se parecen a las de los otros periódicos, que no hay nada nuevo y la famosa pieza genial no existe.

Entonces, ¿por qué demonios están liados? ¿Qué hacen de verdad durante todo el día?

No voy a ser demagogo. Yo he trabajado en una redacción y sé cómo funciona. Y voy a decir la verdad: todo se debe a una falta de organización y la culpa no es de los indios sino de los jefes.

Los jefes son los que organizan, distribuyen, ordenan y planifican. Ellos pueden establecer horarios y mejorar el día a día.
No lo hacen porque sufren el síndrome del trabajador imprescindible. Este síndrome se puede detectar pues sus síntomas consisten en estar todo el día en la ofi, llegar tarde a casa, obligar a los demás a llegar tarde, obligarles a salir tarde, y vivir permanentemente en la ofi, en la redacción.

Y cuando llegan a casa, estos jefes gozan al decir a su pareja, a sus padres, a sus hijos: Oh, no te puedes imaginar qué día he tenido hoy. No-te-lo-puedes-imaginar.

Nos lo imaginamos.

Llegas a las 10 de la mañana, tomas café, reunión a las 10.30, café en la cafetería de Manolo a las 11.30, leer periódicos, llamadas inútiles, reuniones, más reuniones, hacer fotocopias, reuniones, comida DE TRES HORAS CON CHUPITO, café, reunión, fotocopias, reunión de portada, edición, teléfono, unas cuantas revisiones de las páginas, titulaciones, cierre, cañita con los amigos y casa.

Y de todo eso, ¿cuánto hay de original y productivo? ¿Es que su periódico brilla por sus artículos sesudos, sus análisis insólitos, sus reportajes increíbles...? Pues no, es igual a los demás. Las páginas están llenas de teletipos de EFE. ¿Y en eso habéis empleado todo el día?

Por eso me río de los horarios de los periodistas pues es tirar el tiempo a la basura.
Si alguno de esos jefes se lo propusiera, la gente podría ser más productiva y salir antes. Si alguno de esos jefes se lo propusiera, pondría a la gente a trabajar un día o dos en un tema a fondo, o a varios, para hacer reportajes diferentes, investigaciones, análisis. Y organizaría turnos de entrada y de salida, para aprovechar el tiempo de todos, su dedicación.

Nuestro periodismo no es peor que el anglosajón o el alemán por falta de talento. Es peor por falta de tiempo. Mejor dicho, es peor porque no se organiza el tiempo.
Y ese problema es culpa de los jefes, no de los indios.
Los indios bastante hacen con adaptarse a los estúpidos horarios de los jefes, a su desorganización y a su síndrome de ser imprescindible.


5 comentarios:

Xibeliuss dijo...

Algo demasiado común en demasiados tipos de oficios

Roberto dijo...

Me parece que eres demasiado condescendiente con los indios. Quiero pensar que no son los editores los que hacen a los redactores, sino que el redactor debe ser capaz -si tiene talento- de sobresalir a pesar de su editor.
Firmado: un indio.

Alberto D. Prieto dijo...

Cuánta razón tienes, Salas, cuánta. Llegué tarde para trabajar a tus órdenes, me dijeron que eras buen tipo y muy jfe (alguno me dijo muy hijoputa). Me quedé con las ganas...

Laia dijo...

Alberto, sólo te puedo decir que algunos que han trabajado con Carlos como jefe le echan de menos. Lo siento, Carlos, no es jabón. Yo he trabajado contigo, pero no has sido mi jefe, y de verdad que editar reportajes tuyos siempre fue un verdadero placer.

Fernando dijo...

En mi opinión sobran horas de trabajo y falta reflexión. ¿En serio hay tantas noticias que contar? Así estamos, 24 horas de copy-paste.