viernes, 30 de octubre de 2009

¿Dónde pongo el adjetivo?

¿Qué diferencia hay entre "un bello bosque" y un "bosque bello"?

En inglés suelen poner el adjetivo delante: "a beauty forest" y ya está.

En español hay diferencias:
"Un bello bosque" quiere decir que ese bosque tiene la particularidad de ser hermoso.
"Un bosque bello" suele usarse para distinguirlo de "bosque tupido", "bosque feo", es decir, de otros bosques. A veces la diferencia es muy sutil.

Además, ciertos adjetivos puestos delante o detrás cambian radicalmente el sentido:

"Pobre hombre" no es lo mismo que "hombre pobre"; "gran hombre" no es lo mismo que "hombre grande"; "cierta noticia" no es lo mismo que "noticia cierta".

Lo que recomiendan los amantes del idioma es no poner dos adjetivos que, como la Guardia Civil, son iguales: "Notorio y manifiesto homenaje"; "hermoso y bello bosque"; "alta y elevada imagen"...

Y desde luego, evitar los adjetivos manoseados: "lindo espectáculo"; "hermosa mañana"; "pertinaz sequía".

sábado, 24 de octubre de 2009

Lanza el anzuelo y saca al pez en el primer párrafo

Una rápida forma de presentar a un autor. Original, informativa, chocante... Todo en pocas líneas del principio. ¿Y el resto? Igual de amena. Es una buena entrevista "reportajeada", una fórmula usada mucho por la prensa americana, y poco por la española.

"Deja propinas exageradas a las camareras que tienen buen culo. Su fama de gourmet es legendaria, su afición al vino notable y memorables han sido sus juergas, entre otros, con su amigo Jack Nicholson. Quienes le conocen bien dicen que Jim Harrison (Michigan, 1937) es más grande que la vida. Resulta difícil acotar la personalidad de este novelista, poeta y guionista estadounidense: escapa a las etiquetas y lleva más de cincuenta años empeñado en ello. La fama no ha cambiado esto. Le llegó con obras como Leyendas de pasión, Dalva y Un buen día para morir. Mucho antes, a los catorce decidió que quería ser escritor. Poco después de cumplir los veinte sacó su primer poemario. En total ha publicado más de treinta y cinco libros. En Francia es una celebridad y en Estados Unidos, una especie en extinción. Harrison va por libre."

Se puede leer esta entrevista en El País, Babelia.

viernes, 23 de octubre de 2009

Los críticos de arte se congelaron en el tiempo

A los que hacen la crítica de obras literarias, análisis de estrenos de teatro, comentarios de exposiciones... A todos ellos les digo: me aburren.

Empiezan siempre de la misma forma: demostrando lo mucho que saben. ¿La obra? Que espere, pues ahí está el crítico para restregarnos en la nariz lo mucho que ha leído, sus profundas convicciones sobre la historia del arte, o cómo la lectura del libro, la visita a la exposición, o la asistencia al estreno de teatro, es "una experiencia inaplazable". Es como ir a un restaurante y en vez de pinchar directamente en el pavo, tenemos que esperar a que el chef haga una loa del pollo de pita. ¡Hay hambre, carajo!

No, amigos. No hay piedad. El que siga escribiendo de esa manera tan aburrida y decimonónica, que después no se queje si se queda en el paro. ¿Queda alguien original en esta profesión? ¿Es que no hay otra forma de empezar las crít¡cas artísticas que diciendo "llega con cierto retraso a nuestra ciudad, la primera exposición individual...? Bla, bla, bla. "Nuestras salas de cine acogen con placer el estreno de....". "Tras recorrer con éxito fulgurante las principales óperas de Europa, aterriza en España...". "El escritor ha tocado todos los géneros y esta vez nos regala con una serie de cuentos..."

Bla, bla, bla.

Es hora de la Revolución. ¡A la guillotina! ¡Que caigan más cabezas!

jueves, 22 de octubre de 2009

Lo que nos enseña el arte del cómic


Los cómics nos enseñan a contar historias. Si pudiéramos dibujar nuestros reportajes y convertir las sentencias en viñetas, quizá descubriríamos mejor nuestros fallos narrativos.

Soy un fascinado seguidor de Scott McCloud. Tiene varios libros sobre el arte de dibujar cómics, su narrativa, sus trucos... Y están tan bien contados con esa combinación maestra de palabras e imágenes, que vale la pena que le prestéis atención.

Scott hizo unas viñetas hace un año para explicar Google Chrome, el buscador de Google, y estaban tan bien hechas que se convirtieron en un ejemplo de cómo explicar algo con imágenes.

En uno de sus libros tiene un capítulo titulado "El Poder de las Palabras", y dice: "Las palabras evocan sentimientos, sensaciones y conceptos abstractos que las imágenes apenas pueden empezar a atrapar".

Os dejo una web donde Scott explica parte de su técnica.

Tiene un video bastante claro. Su padre era ciego.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Trucos para evitar los relativos

Uno de mis mayores defectos es que meto muchas frases de relativo: muchos "que".

Para resolverlo, acudí al manual de Martín Vivaldi. Dice lo siguiente:
Mete un sustantivo y una aposición:
En lugar de :"El general que conquistó la ciudad"
Escribe: "El general, conquistador de la ciudad".

O un adjetivo y una aposición.
En lugar de "Hay una edición de este libro que me resulta muy agradable por su impresión".
Escribe: "Hay una edición de este libro, muy gratamente impresa".

Un adjetivo sin complemento:
En lugar de "dos movimientos que se producen al mismo tiempo"
Escribe "dos movimientos simultáneos"

Un adjetivo seguido de complemento:
En lugar de "Un padre que perdona fácilmente a su hijo".
Escribe "Un padre indulgente para su hijo".

Emplea mejor las preposiciones:
En lugar de "las hojas secas que hay en el bosque".
Escribe: "Las hojas secas del bosque".

En lugar de "Una prueba que confirma mis sospechas".
Escribe "Una prueba en apoyo de mis sospechas"


domingo, 18 de octubre de 2009

El periodista que derribó el Muro de Berlín


Conocí a Riccardo Ehrman hace tres semanas. Le llamé y me invitó a su casa. Vive en La Latina, Madrid, con su mujer. Es un hombre que está a punto de cumplir ochenta años. Cuando me senté me preguntó si deseaba tomar algo: un café, dije. "¿Y no te apetece un whiskito?", me dijo guiñándome un ojo. "Ssstupendo", contesté. Aquel whisky a las once de la mañana me hizo recordar las señas de identidad de los viejos periodistas.

Riccardo estaba en Berlín el 9 de noviembre de 1989. Estaba en el centro de Prensa Internacional. Estaba sentado en la tarima, porque no había más sitio. Estaba muy cerca de Gunter Schabowski, el miembro del politburó que daba explicaciones en aquel momento sobre los permisos de viajes, que iban a entrar en vigor, y que permitirían viajar a los alemanes comunistas a Occidente casi sin obstáculos.

Riccardo preguntó "cuándo" entraría en vigor, y Schabowski, después de titubear, dijo que "inmediatamente". Riccardo corrió a un teléfono, llamó a su agencia Ansa, y les dijo que había caído el Muro de Berlín. La agencia lo transmitió y se anotó la exclusiva del siglo.

Además, como la rueda de prensa había sido televisada, los alemanes del Este no se lo pensaron dos veces y salieron corriendo a las fronteras. Los policías no sabían qué hacer. Hasta que por fin, levantaron las barreras. Poco después, el Muro era hecho pedazos.
Todo eso me lo contó Riccardo hace tres semanas. La semana pasada lo publiqué en el Magazine de El Mundo. Es la historia de un periodista que hizo caer el Muro de Berlín. Lo que vino después ya se sabe. Cayó el comunismo en bloque. Son cosas que suelen pasar.

Que lo disfrutéis.

No lo escribas, díctalo

Los grandes escritores afirman que, cuando terminan de escribir el capítulo de un libro, una página o un párrafo, la declaman en voz alta para ver cómo suena. Y lo que falla, lo quitan o lo modifican. Sólo dejan lo que "suena" bien.

No está claro si escribimos oyendo nuestras palabras pero está demostrado que repasar en voz alta un texto ayuda a detectar errores de cacofonía, aliteraciones, repeticiones, y sonsonetes (o rimas).

¿Algún truco rápido para resolverlo? Dicta tus artículos. No los escribas. Díctalos como si tuvieras una secretaria. Si tienes Windows Vista disfrutarás también de un programa que identifica tu voz y lo convierte en texto de Word.

Dan Brown, el escritor de best sellers como "El Código Da Vinci", descubrió este método hace muchos años y lo califica de "maravilla". Parece que lo usa para dictar los libros en bruto, luego los corrige con el viejo sistema de quita-y-pon del teclado.

Yo tengo el Nuance. Es un programa muy avanzado que uso de vez en cuando para dictar artículos. Lo uso cuando estoy cansado de escribir. Tiene la ventaja de que ayuda a engarzar mejor las ideas, y a dar continuidad a las frases. Parece que suena mejor. Empleas mejor las proposiciones y los verbos preposicionales (informar que, pensar en, dirigirse a). He aquí un artículo escrito casi todo en Nuance. Lo dicté con un micrófono, aunque luego lo repasé y añadí cosas a golpe de tecla.

El Nuance además, es un programa que almacena tu forma de hablar, tus manías, tus tics, tus malas pronunciaciones, y al final las identifica más a medida que lo usas más. Crea un repertorio. Y si otra persona quiere usar tu ordenador para dictar artículos, o cartas o mails, puede abrirse una carpeta con su nombre, y el Nuance identificará su voz.